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ALEJANDRO MENDOZA ARRIAGAMadrid 12 SEP 2017 - 12:10 CEST La cantante mexicana conjuga la sensualidad y la tristeza de su país en su nuevo disco, 'Salón, lágrimas y deseo' La cantante mexicana Lilia Downs en la sede de Sony en Madrid. CARLOS ROSILLO (EL PAÍS) El vestido que Lila Downs ha escogido para esta entrevista es una mezcla entre la melancolía del color negro y el atractivo de un bordado blanco de flores que lo remata. Como siempre, la vestimenta folclórica de la cantante mexicana es un homenaje a la cultura del Estado donde nació, Oaxaca (suroeste de México), y a la música que interpreta; pero en esta ocasión también refleja el espíritu que impregna su nuevo disco, Salón, lágrimas y deseo. Una producción que desarrolló a partir de esas dos condiciones, la sensualidad y la tristeza, y que encuentra anclada al ambivalente presente de su país: el de la festividad, pero también el de la tragedia.Este, su noveno álbum de estudio, quizás sea el más mexicano de todos. Downs fue meticulosa con la selección de los boleros del repertorio popular que acompañan a sus propias composiciones. Desde un principio tuvo clara la dualidad con que quería dirigir el disco, y el resultado, afirma la cantante, es una lista con canciones “de amor y desamor con mi país”. Pero lejos de pretender ser negativa, asegura que su postura es optimista: “Intento recordar que debemos seguir con fe hacia adelante, no perdernos en el cinismo”.Entre los temas del disco están La mentira, de Álvaro Carrillo, que Downs le dedica a los gobernantes mexicanos, y Envidia, una canción que escribió para rebatir las ofensas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra sus compatriotas. “Nos tiene envidia porque nos tiene miedo”, exclama, y reafirma que el orgullo por la cultura nacional en México “hace temblar” a los estadounidenses. Ella, que tiene herencia norteamericana por el lado de su padre, sabe que es posible unir ambas culturas, que hay una frontera que se puede compartir. “Cuando voy a ciudades fronterizas como Tijuana o Ciudad Juárez, me siento en casa”, confiesa.Pero Salón, lágrimas y deseo es mucho más que una serie de discursos patrióticos. El videoclip del primer sencillo del disco, Urge, inicia con la escena de un salón de baile habitado solo por mujeres. Todas ellas, con miradas duras y penetrantes, seguras de sí mismas. Por supuesto, la secuencia no es una simple coincidencia. Downs ha dedicado el disco completo a las mujeres que luchan y se levantan “aunque pese la oscuridad a su alrededor”.[embed]https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=N74oanqa9k8[/embed]En un país donde se cometen unos cinco feminicidios al día, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía mexicano, la violencia de género es necesariamente uno de los temas a tratar cuando se habla de los grandes problemas de México. Y Downs no ha querido obviarlo. Ser paloma, la pista 11, es una canción que escribió a partir del testimonio de una mujer “que escapó de una situación muy peligrosa”. “Con mi música busco dar a conocer su caso”, profundiza, “y rendirle tributo a las mujeres que han perdido la vida” en circunstancias de violencia. “Debemos...

Viaje de ida y vuelta a Santiago de Chile con la cantante mexicana que el viernes y sábado próximos traerá las canciones de su disco Salón, lágrimas y deseo, al teatro Gran RexSANTIAGO DE CHILE.- Lila Downs se está terminando de peinar. La gente en el teatro Municipal espera a que la cantante mexicana salga a escena. Pero por ahora es la chilena Ana Tijoux quien está en escena. Su rapeo llega hasta camarines. Lila está casi lista. Viste ropa de la cultura prehispánica mixteca, su comunidad: una pollera roja, un brazalete multicolor, unas muñequeras tejidas a tono y un top llamativo cubierto por collares. Cubren su figura varias pañoletas del valle de Oaxaca: una con flores fucsia, otra muy amplia con detalles marrones que más tarde utilizará para imitar el vuelo de un pájaro. En la intimidad del camarín, cuenta que las pañoletas han sido confeccionadas por las mujeres que cocinan tortillas mexicanas.-Es un trabajo muy duro. Ellas traen el maíz a la ciudad, se sientan en el mercado a vender con sus tenates, unos canastos de cuero y hojas de palma muy altos que cargan en sus cabezas -dice, mientras apura los últimos detalles frente a un espejo. Cada tanto, un aromatizador lanza un perfume que huele a eucalipto, un detalle pedido por la intérprete de "Cumbia del mole" para cuidar su garganta. Cuenta que no suele conceder entrevistas antes de salir a escena, porque siente que le roban algo, que le quitan energía. Que cantar es para ella algo asociado a la magia y la energía del universo.-Soy un poco supersticiosa. Conozco gente de mi etnia que no permite que se le tomen fotos, incluso algunos familiares son muy celosos con su energía. No soy tan hardcore, pero un poco sí -reconoce Lila entre risas, y empieza a vocalizar.Lila Downs tiene 48 años, canta desde los 8 y ha ganado un Grammy norteamericano y cuatro latinos. Viene de una familia en la que el matriarcado es fuerte. Su padre murió cuando tenía 16 años y desde entonces las tres mujeres de la casa -ella, su madre y su abuela- tuvieron que enfrentarse a un pueblo de arraigadas costumbres machistas. Su papá era norteamericano; su mamá, mexicana, con raíces originarias. Desde sus inicios, Lila busca reivindicar las culturas precolombinas. Grabó un disco en el que cantó con los códices mixtecos que sobrevivieron a la Inquisición. Estudió antropología y se recibió con una tesis basada en los huipiles triquis, tejidos típicos de Oaxaca, esos que utiliza en sus shows. Se enamoró de Paul Cohen, un "gringo" que es su socio creativo y con quien hace 24 años comparte la vida. Y las giras, que para ellos son lo mismo.Además de recuperar canciones clásicas mexicanas y darles un significado alejado de la cultura machista, Lila pone en palabras su lucha. En su último y noveno disco, por ejemplo, escribió una canción tras la angustia (y dos mezcales) que le provocó el triunfo de Donald Trump ("Envidia") y otra sobre el poder...

Este martes, la cantante, compositora y artista mexicana más representativa a nivel internacional Lila Downs, visitó por primera vez la ciudad de La Plata para presentar su nuevo álbum “Salón, Lágrimas y Deseo”, que salió a la venta en mayo.Colmado, el Coliseo Podestá explotó en ovaciones y las butacas no impidieron que el público se pusiera a bailar. Fueron dos horas de pura emoción junto a la voz y el carisma más cautivantes de América Latina.También conmovida, la cantora aseguró sentir junto a su banda la buena vibración que transmitió la audiencia y a pedido de muchas, teniendo en cuenta los últimos femicidios enmarcados en la violencia de género que recrudece en nuestro país, coreó una estrofa de "Dignificada".Como adelanto de este nuevo trabajo, Lila lanzó recientemente el primer sencillo, “Peligrosa”, una canción que refleja la autonomía de la mujer y la convicción de llevar las riendas de su vida y de sus emociones.El nuevo disco de Lila combina diferentes formas musicales como blues, cumbia, danzón, banda y hasta grandes baladas melancólicas, que en conjunción con su tremenda voz e interpretación dan por resultado un concepto artístico único. Se trata de un homenaje a todas las mujeres, que enaltece y empodera al género femenino.La obra incluye seis temas inéditos propios y siete clásicos de maestros como Agustín Lara, José Alfredo Jiménez y Álvaro Carrillo, entre otros. Además, está acompañada de grandes colegas como Andrés Calamaro, Carla Morrison, Diego El Cigala y Mon Laferte.Lila Downs ha cantado y participado de los festivales y escenarios más prestigiosos del mundo, además de ser ganadora de un Grammy y cuatro Grammy Latino.[embed]https://www.youtube.com/watch?v=nuH15hYf-ao[/embed] Lee la nota original aquí....

Este domingo el Teatro Municipal de Santiago se vistió de gala para una gran fiesta. Una celebración a la vida y la música con dos grandes mujeres que se unieron para brindar, frente a un recinto lleno, una noche realmente llena de energía y ritmo.Ana Tijoux abrió la noche, pasadas las siete de la tarde, para presentar en formato acústico una selección de temas de su más reciente disco “Roja y Negro”, el que presenta junto a sus compañeros Santander y Durán. Por cerca de una hora, encantó con su calidad vocal, excelente sonido y letras que calaron hondo en los cientos de fanáticos que llenaron el céntrico recinto. Siempre cercana y sencilla, Ana encantó y dejó al público eufórico por seguir escuchándola, pero ansioso de recibir en el escenario a Lila Downs.Y así fue, luego de un receso de quince minutos, fue el turno de la mexicana oriunda de Oaxaca, que con su folclórico y colorido atuendo se ganó los aplausos del público con los primeros acordes de “Mezcalito”, canción con la que seguida de “Humito de Copal” provocó una verdadera fiesta.Con un bello vestido rojo, sus tradicionales adornos y flores decorando el micrófono, Downs ofreció una catedra de potencia vocal y tradiciones latinas, que no dejaban de encantar en ningún momento. La celebración siguió con uno de sus primeros éxitos “La Iguana”, que la puso a bailar y mover las caderas por todo el escenario, para entonces ya más de algunos no se aguantaron las ganas y se pusieron de pie a bailar. Era realmente inevitable moverse con tan contagiosas y alegres canciones.La energía bajó un poco para presentar “Peligrosa”, single de su más reciente disco “Salón Lágrimas y Deseo” con el que demuestra con creces la potente voz que tiene y lo impecable que suena totalmente en vivo. El concierto, también incluyó verdaderos clásicos de la música mexicana, como “Cucurrucucú Paloma”.Sus constantes comentarios respecto a los pueblos originarios de Latinoamérica, donde los Mapuches estuvieron presentes en sus palabras y provocaron la ovación automática, tanto como cuando sorprendió con una emotiva versión de “Gracias a la vida” de Violeta Parra.Así fue como por cerca de dos horas, Lila Downs fascinó a un Teatro Municipal feliz de disfrutar de tan potente mensaje musical a cargo de dos grandes mujeres. Un verdadero acierto de Macondo Konzerte, productora del show.Lee el artículo original aquí....

Ambas mujeres, que durante años han hecho propias las consignas del feminismo y las demandas sociales en cada una de sus letras, maravillaron a un selecto público con sus potentes voces y su férrea crítica social. Casi al cerrar el movido espectáculo, la mexicana homenajeó a Violeta Parra, al dar paso a su propia versión de "Gracias a la vida", que fue aplaudida a rabiar por la multitud.Ana Tijoux y la cantautora mexicana Lila Downs deslumbraron la noche del domingo en un concierto conjunto en el Teatro Municipal de Santiago ante un millar de personas, en el que condenaron entre boleros y tonadas la desigualdad de género y las injusticias sociales que subsisten en el mundo.La chilena dio inicio a la velada chileno-mexicana que inundó la noche santiaguina por más de dos horas con diversos ritmos latinoamericanos, al entremezclarse tangos, boleros y valses andinos, más alejados esta vez del hip hop que ha primado en su trayectoria.Ambas mujeres, que durante años han hecho propias las consignas del feminismo y las demandas sociales en cada una de sus letras, maravillaron a un selecto público con sus potentes voces y su férrea crítica social.En esta oportunidad, Tijoux abordó los principales temas de su nuevo proyecto, "Roja y Negro, canciones de amor y desamor"(2017), que llevó a cabo junto a los reconocidos músicos del jazz chileno Raimundo Santander y Ramiro Durán, en las cuerdas.Este giro "romántico" en la carrera de la rapera chilena hizo perfecta sintonía con las melodías de Ana Lila Downs Sánchez, dueña de cuatro Grammy Latinos y un Grammy en 2013 por su disco "Pecados y Milagros".Entre su vasta lista de éxitos, Tijoux encantó a los asistentes con su single "Calaveritas", que brinda un sentido homenaje a los que ya están muertos y "Asaltango", un apasionado y crítico tango compuesto en 2016 por el trío en Argentina. Downs presentó disco Por su parte, Downs presentó su nuevo álbum "Salón, Lágrimas y Deseo" (2017), en el que se hace eco de la situación que viven México, Estados nidos y Latinoamérica con la llegada del presidente Donald Trump al poder en Washington y, en consecuencia, del auge del racismo y la xenofobia.La intérprete deslumbró e hizo bailar al público chileno con temas como "La Iguana", de su antiguo disco "Árbol de la vida", y su último single "Peligrosa", que hace referencia a la fortaleza de las mujeres y su capacidad de hacer frente a la violencia machista.Entre trompetas, cuerdas, tambores y un encendido cuerpo de baile folclórico, Downs se encargó de entibiar la gélida noche de este invierno austral con canciones como "Viene la muerte echando rasero" y su ya consolidado éxito "La cumbia del mole".La también productora discográfica y antropóloga de 49 años, oriunda del estado de Oaxaca, ha dedicado parte de su carrera a reivindicar sus raíces mexicanas y de los pueblos indígenas de su zona, en la cual se hablan aún 16 lenguas originarias, según recalcó antes de entonar "Son de Juárez".Casi al cerrar el movido espectáculo que albergó el principal...

A los 48 años su número, las canciones, los detalles interpretativos, la puesta en escena, la envergadura de la banda, todo exuda una calidad abrumadora. No hay pausas ni ripios. La música de Lila Downs fluye en vivo como una fuerza imparable que envuelve con gracia y sin palabras sobrantes. “Alma, corazón y vida” de Los Panchos y “Ne me quite pas” de Jacques Brel. Ana Tijoux lleva un traje negro y canta en el teatro municipal de Santiago la tarde del domingo. El lugar está repleto a la espera de la cantante mexicana Lila Downs. Guitarras y percusión acústica acompañan a la figura chilena que en la formalidad es uno de los mejores nombres del hip hop y la fusión latinoamericana. Con ambos temas y la pompa del lugar el tiempo parece retroceder. Ana Tijoux vuelve rápidamente al siglo XXI, a la contingencia, con la rítmica “Antipatriarca”. La aplauden. La vitorean. Remata con “Calaveritas”, un vals. Pausa. Suena la alarma característica del Municipal para volver a la sala. Las luces descienden. Destaca el decorado de mesas con manteles y lámparas rojas. Ocho músicos se reparte en escena incluyendo sección de bronces, bajo, guitarras, batería. Irrumpe Lila Downs. Canta “Mezcalito”. Coge una botella y vierte algo de líquido en el piso “para la madre tierra”. Bebe un trago. Baila como si estuviera ligeramente embriagada siguiendo la percusión densa y cadenciosa. El tema aún no termina pero está clarísimo que los músicos son tremendos. Vienen de vuelta.[caption id="attachment_16984" align="aligncenter" width="375"] Lila Downs, en el Teatro Municipal de Santiago. Foto: Rodrigo Galvez.[/caption]La mezcla tiene algunos problemas con la voz en la siguiente, “Humito de Copal”. El grupo la ahoga. Al tercer tema cuando Lila Downs está de rodillas cantando “La Martiniana de mi tierra Oaxaca”, la calidad del sonido mejora y permite que el registro y sobre todo el dominio de la mexicana comience a copar y remecer el teatro mediante los aires de lamento del corte. Sostiene dramática la última nota. El público la aplaude impresionado.[caption id="attachment_16985" align="aligncenter" width="398"] Foto: Rodrigo Galvez.[/caption]“Raíz africana, raíz indígena, raíz española, con ustedes La Iguana”, presenta Lila, y el tema es pura fusión y gracia con uno de sus guitarristas haciendo un pequeño número de zapateo. Con “Inmortal” la artista despliega un abanico (punto aparte como saca provecho del vestuario de vivos colores) y nuevamente sobrecogen los matices, los detalles y las sutilezas en la interpretación. En “Peligrosa”, una combinación entre soul y blues, fue como imaginar a Mon Laferte con más carrete. Cuatro bailarines acompañan “Son de Juárez” sobre Benito Juárez “el primer presidente indígena de este continente”, subraya Lila, mientras el coro repite “el respeto al derecho ajeno es la paz”.[caption id="attachment_16986" align="aligncenter" width="393"] Foto: Rodrigo Galvez.[/caption]  Lee el artículo original aquí....

La cantautora mexicana Lila Downs y la chilena Ana Tijoux se reencontraron hoy en un doble concierto en el Teatro Municipal de Santiago de Chile, en el que condenaron entre boleros y tonadas la desigualdad de género y las injusticias sociales que subsisten en el mundo.Downs presentó la noche de este domingo ante un millar de personas su nuevo álbum “Salón, Lágrimas y Deseo” (2017), en el que se hace eco de la situación que viven México, EE.UU. y Latinoamérica con la llegada del presidente Donald Trump al poder en Washington y, en consecuencia, del auge del racismo y la xenofobia.La intérprete deslumbró e hizo bailar al público chileno con temas como “La Iguana”, de su antiguo disco “Árbol de la vida”, y su último single “Peligrosa”, que hace referencia a la fortaleza de las mujeres y su capacidad de hacer frente a la violencia machista.Entre trompetas, cuerdas, tambores y un encendido cuerpo de baile folclórico, Lila Downs se encargó de entibiar la gélida noche de este invierno austral con canciones como “Viene la muerte echando rasero” y su ya consolidado éxito “La cumbia del mole”.La también productora discográfica y antropóloga de 49 años, oriunda del estado de Oaxaca, ha dedicado parte de su carrera a reivindicar sus raíces mexicanas y de los pueblos indígenas de su zona, en la cual se hablan aún 16 lenguas originarias, según recalcó antes de entonar “Son de Juárez”.Casi al cerrar el movido espectáculo que albergó el principal y centenario escenario de música clásica de Chile, Downs homenajeó a la multifacética artista nacional Violeta Parra, al dar paso a su propia versión de “Gracias a la vida”, que fue aplaudida a rabiar por la multitud.Ana Tijoux había dado inicio antes a la velada chileno-mexicana que inundó la noche santiaguina por más de dos horas con diversos ritmos latinoamericanos, al entremezclarse tangos, boleros y valses andinos, más alejados esta vez del hip hop que ha primado en la trayectoria de la intérprete chilena.Ambas mujeres, que durante años han hecho propias las consignas del feminismo y las demandas sociales en cada una de sus letras, maravillaron a un selecto público con sus potentes voces y su férrea crítica social.En esta oportunidad, Tijoux abordó los principales temas de su nuevo proyecto, “Roja y Negro, canciones de amor y desamor”(2017), que llevó a cabo junto a los reconocidos músicos del jazz chileno Raimundo Santander y Ramiro Durán, en las cuerdas.Este giro “romántico” en la carrera de la rapera chilena hizo perfecta sintonía con las melodías de Ana Lila Downs Sánchez, dueña de cuatro Grammy Latinos y un Grammy en 2013 por su disco “Pecados y Milagros”.Entre su vasta lista de éxitos, Tijoux encantó a los asistentes con su single “Calaveritas”, que brinda un sentido homenaje a los que ya están muertos y “Asaltango”, un apasionado y crítico tango compuesto en 2016 por el trío en Argentina.Esta es la segunda vez que ambas compositoras coinciden en un escenario chileno, después de que en 2015 Downs invitara a la exMakiza...

 En su nuevo álbum "Salón, lágrimas y deseos", la compositora méxico-estadounidense Lila Downs sintió la necesidad de afinar su activismo, tras el temor que la invadió después de cantarle a los 43 normalistas de Ayotzinapa en "La patria moderna"(2015). En la pieza, grabada a dúo con el astro colombiano Juanes, Downs grita "¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!", mientras que en el video de la canción aparece la frase "Ya me cansé", que usó el exfiscal Jesús Murillo Karam cuando reportaba a la prensa sobre el caso de los estudiantes desaparecidos en septiembre de 2014, en el sureño estado de Guerrero, un crimen que generó conmoción dentro y fuera de México. "Vivimos en un peligro tan grande que sí me atrevo a decir que es una especie de autocensura. Porque quiero sobrevivir, no quiero que me maten también a mí", dijo Downs a la AFP durante una entrevista en su casa en Ciudad de México. La ganadora de cuatro Latin Grammy y un Grammy, y quien ha fungido como embajadora de Amnistía Internacional, confesó que en varias ocasiones ha sentido mucho miedo, principalmente por su labor a favor de los derechos humanos. "En el anterior disco, especialmente cuando yo canté sobre los 43, sí me sentí en peligro", admitió la cantante de 48 años. Para la cantautora, las 13 canciones que dan vida a su nuevo disco son un grito de "desilusión" y "esperanza" con México, sus políticos, el narcotráfico y la corrupción que azotan al país, así como la relación bilateral con Estados Unidos, luego de la llegada del magnate Donald Trump a la presidencia. Downs también destacó el empoderamiento de las mujeres, tema presente en su undécima producción discográfica y en la que grabó a dúo con la chilena Mon Laferte y la mexicana Carla Morrison. El argentino Andrés Calamaro y el cantaor español Diego "El Cigala" se sumaron a la lista de invitados en el disco que la llevará de gira por Sudamérica, España, Estados Unidos y México en los próximos meses. - ¿Cuál es la historia detrás de "Salón, lágrimas y deseo"? La verdad no pensaba que estuviéramos grabando tan pronto porque estaba muy triste, muy deprimida, por la situación del mundo, de la humanidad, desencantada, porque siento que ya sabemos qué estamos haciendo mal y seguimos ahí de necios. El (título) "salón" está dedicado al amor tan grande que le tengo a mi país, que es México, primero; y también a Norteamérica (Estados Unidos) porque también es mi país, y el desamor tan grande que tengo con los dos. Luego, el "deseo" es la fuente de todo lo que instiga las cosas hermosas de construcción, de ideas, de vida. ¿Es (el álbum) un grito de esperanza o de enojo? Creo que son las dos cosas, ambas son necesarias en la vida. Este disco es de desencanto, de desamor y traición. Yo me siento traicionada, y creo que mucha gente se siente así, enfurecida. Tienes que darte permiso de sentir tristeza sobre tu país, sobre...

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